En muchas casas españolas, el invierno trae un gesto automático que se repite cada año: llegar con frío, ir directo al termostato y subirlo de golpe a 25 °C con la esperanza de que el salón entre en calor “más rápido”. La sensación de urgencia es comprensible. Lo que no es tan evidente es que, en la mayoría de hogares, ese gesto no acelera el calentamiento… y sí aumenta el consumo.
La explicación es sencilla y tiene mucho que ver con cómo funciona realmente un sistema de calefacción y con un factor del que se habla poco fuera del mundo de la arquitectura: la vivienda no es solo aire. Son paredes, suelos, techos, muebles y textiles. Y todo eso tarda en templarse.
Subir a 25 °C no es como pisar el acelerador
El termostato, en condiciones normales, actúa como un “objetivo” de temperatura. Si la casa está por debajo de lo marcado, la instalación trabaja para aportar calor. Cuando se alcanza la consigna, reduce o detiene la aportación.
Ahí aparece el malentendido: marcar 25 °C no suele hacer que “salga más calor” en ese primer momento, sino que el sistema tarde más tiempo en detenerse, porque la meta está mucho más lejos. En otras palabras: si la casa está a 17 °C, el equipo tendrá que aportar energía para pasar a 20–21 °C… y, si se marca 25 °C, seguirá aportándola hasta acercarse a ese valor, aunque el confort ya se haya alcanzado antes.
Lo habitual es que el usuario note la casa agradable cuando llega a unos 20–21 °C y entonces baje la calefacción o incluso ventile porque “se ha pasado”. Ese ciclo (subir mucho, pasarse, corregir) es una de las formas más rápidas de convertir un sistema doméstico en una montaña rusa térmica.
Cuanto más alta la consigna, más calor se pierde por el camino
Hay un segundo efecto, más invisible, que en arquitectura se entiende muy bien: a mayor diferencia entre interior y exterior, mayores pérdidas. Si fuera hay 5 °C y dentro se pretende llegar a 25 °C, la vivienda “empuja” más calor hacia el exterior a través de ventanas, cerramientos, cajones de persiana, rendijas y puentes térmicos. No es solo que se caliente más: es que se escapa más.
Por eso, incluso en viviendas con buena caldera, una consigna alta puede convertirse en un pozo de energía, sobre todo cuando el edificio tiene puntos débiles (carpinterías antiguas, aislamiento justo, infiltraciones de aire).
La temperatura de confort no tiene por qué ser tropical
La buena noticia es que el confort no exige exageraciones. En España, las recomendaciones públicas para hogares suelen moverse en el entorno de 20–21 °C para estar en casa con ropa adecuada y medidas básicas como bajar persianas por la noche. Ese rango se repite en guías prácticas, junto a pautas como reducir la temperatura durante el sueño o cuando la casa está vacía, siempre con sentido común y atendiendo a la situación de cada familia.
Además, en el debate energético de los últimos años se popularizó una idea que, sin ser una regla universal, ayuda a entender el impacto de cada grado: se ha estimado que ajustar la consigna un grado puede suponer en torno a un 7 % de ahorro en consumo asociado a calefacción o refrigeración, en función del contexto. No es magia: es física y hábitos.
El factor decoración que cambia el confort: no todo es caldera
En un medio de decoración y hogar, hay un punto clave que a menudo se olvida: la calefacción calienta, sí, pero la casa “se siente” cálida o fría por más cosas. La temperatura del aire es solo una parte. La radiación de superficies frías, la humedad, las corrientes y hasta cómo está amueblado el espacio influyen en esa percepción.
Algunas decisiones domésticas, aparentemente estéticas, tienen un efecto práctico:
- Textiles que retienen calor: alfombras, cortinas con buen gramaje y capas (visillo + cortina) ayudan a frenar pérdidas por acristalamientos y suelos fríos.
- Distribución inteligente: si un radiador queda medio tapado por un sofá, un aparador o cortinas largas, el aire caliente no circula bien. Se calienta “la esquina” y no la habitación.
- Camas y dormitorios: el confort nocturno no siempre necesita la misma temperatura que el salón. Un buen edredón, una manta auxiliar y ropa de cama adecuada pueden permitir bajar la consigna sin sensación de frío.
Lo que sí funciona para calentar antes (sin subir a 25 °C)
1) Programación: el auténtico “calor al llegar”
Si se llega a casa a una hora parecida, lo más eficiente es anticipar el encendido. Un termostato programable (o inteligente) permite que la vivienda alcance 20–21 °C justo cuando se ocupa, sin golpes térmicos.
2) Calentar por zonas, no por orgullo
No hace falta que toda la casa esté igual. Cerrar puertas y priorizar estancias de uso es una medida simple. Si hay válvulas termostáticas, ajustar cada radiador evita calentar habitaciones vacías.
3) Cerrar la casa por la noche: persianas, cortinas y pequeñas fugas
Bajar persianas, correr cortinas y sellar rendijas con burletes reduce pérdidas. Es una de esas medidas baratas que, en términos de confort, se notan mucho.
4) Ventilar bien, pero poco
Ventilar es necesario, pero hacerlo durante largos periodos con la calefacción encendida es un drenaje directo. Lo más razonable suele ser una ventilación breve e intensa y, después, recuperar la temperatura sin “pasarse” en la consigna.
5) Mantenimiento doméstico básico: radiadores y equilibrio
En sistemas de radiadores, el aire atrapado reduce rendimiento. Purgar cuando toca y revisar que el calor se reparte de forma homogénea evita que el usuario compense “subiendo grados” un problema que es mecánico.
6) En bombas de calor o suelo radiante, paciencia y estabilidad
Hay sistemas que trabajan mejor con temperaturas más estables y consignas moderadas, especialmente por su inercia. En esos casos, los cambios bruscos no solo no ayudan: a veces empeoran el confort.
El resumen en una frase
Si la casa tarda en calentarse, rara vez se arregla marcando 25 °C. Se arregla combinando una consigna sensata, control (programación), menos pérdidas (persianas, burletes, textiles) y una distribución que deje respirar al calor. Es una receta menos espectacular, pero mucho más efectiva.
Preguntas frecuentes
¿Por qué mi casa no se calienta más rápido aunque ponga la calefacción a 25 °C?
Porque el termostato fija un objetivo, no suele “dar más potencia” por marcar más temperatura. Lo normal es que el sistema funcione durante más tiempo, no que acelere el calentamiento inicial.
¿Cuál es la temperatura recomendada para estar en casa en invierno sin gastar de más?
En recomendaciones prácticas para hogares se suele hablar de 20–21 °C como rango suficiente para confort con ropa adecuada, ajustando a la baja por la noche o cuando la vivienda está vacía según cada caso.
¿De verdad se nota bajar solo 1 grado la calefacción?
En consumo puede notarse, porque cada grado cambia la diferencia interior-exterior y las pérdidas de calor. En el debate público se ha estimado que un grado puede suponer alrededor de un 7 % de ahorro en determinadas condiciones.
¿Qué cambios de decoración ayudan más a mantener el calor?
Cortinas con buen tejido (y bien cerradas de noche), alfombras en zonas frías, evitar tapar radiadores y reducir corrientes con burletes suelen dar mejoras de confort muy visibles sin obra.

